viernes, 30 de enero de 2015

Chinguaro se prepara para sus fiestas


Aviso Importante

La Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, permanecerá cerrada, desde el lunes 2 al viernes 13 de febrero. Para pulir el piso, y fumigar altares, bancos y techos. 

Obra necesaria después de la inundación sufrida.

 Toda las celebraciones litúrgicas, que tocarían en esta Parroquia, serán en San Pedro Apóstol. ¡Disculpen las molestias

¿Es la Eucaristía una cosa sagrada?

La Eucaristía no es una cosa, es la presencia de una Persona Santísima: Jesucristo Nuestro Señor. 




¿Es la Eucaristía una cosa sagrada?
La Eucaristía NO ES UNA COSA, aunque le pongamos el adjetivo de sagrada. La Eucaristía ES UNA PERSONA; es la presencia de una PERSONA SANTISIMA: Jesucristo Nuestro Señor

¿Es la Eucaristía una cosa sagrada?
Si lo fuera seríamos idólatras y, por cierto, de los más vulgares, baratos y corrientes.

Sin embargo, cada vez que hago esta pregunta, la respuesta rápida es: ¡sí!

Por alguna razón el Pueblo de Dios ha mantenido esta idea corrupta de la Eucaristía, en su mente y en su corazón, que pervierte sus sentimientos hacia quien está presente en los dones consagrados.

Y es que la Eucaristía NO ES UNA COSA, aunque le pongamos el adjetivo de sagrada.

La Eucaristía ES UNA PERSONA; es la presencia de una PERSONA SANTISIMA: Jesucristo Nuestro Señor, El Verbo Eterno, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Quizá en parte se deba a que se le designan sus características con palabras que, fuera de un contexto complementario que manifieste su calidad de persona, en principio dan idea de cosas.

Así sucede con las palabras como sacramento, santísimo o Santísimo Sacramento con que se ha designado a la Presencia Santa durante siglos.

Y no es que esas palabras designen algo que no es.

La Eucaristía es verdaderamente un sacramento. El Señor no se presenta con un cuerpo físico como hace dos mil años lo fué Jesús de Nazaret, sino que se presenta como signo en los dones consagrados, es decir, como sacramento.

Igualmente, es verdaderamente Santísimo --o Santísima (Eucaristía)--; es el Señor "tres veces santo"; es aquel de quien se dice "ángeles y querubines dicen santo, santo, santo".

Como Dios Hijo es verdaderamente el Santísimo que se presenta como Sacramento. Es realmente el Santísmo Sacramento.

El problema está, como se dijo antes, que esas palabras tienen que ir complementadas con otras que afirmen y confirmen que el Santísimo, o el Santísimo Sacramento, es una Persona.

Por ejemplo, en las preces litánicas para la reserva del Santísimo Sacramento se dice maravillosamente: "Bendito sea JESÚS en el Santísimo Sacramento del Altar".

En nuestro Ritual Nacional, en México, se dice: "¡CRISTO, Pan Celestial, danos la vida eterna!"

La Adoración Nocturna Española tiene como su lema de presentación; ¡Adorado sea JESÚS Sacramentado!

Frases acordes a esta necesidad serían: "El Señor Jesús en el Santísimo Sacramento"; "El Señor de la Eucaristía"; "Nuestro Señor Jesucristo Sacramentado"... y así de forma semejante.

Con la palabra eucaristía sucede lo mismo. Igualmente, al usarla sin su contexto de persona, como primera idea se entiende una cosa.

Alguien podría decir, peyorativamente, que se es perfeccionista. Entonces pregúntese si es válido el actual desprestigio del Resucitado, el Viviente de la Eucaristía, que se observa en los ambientes de fe, tan infestados, más en otras latitudes, de relativismo infantil.

Para muchas otras fiestas y celebraciones religiosas, hay ocasiones en que se derrocha gusto y fervor, se hacen las inmensas peregrinaciones. ¿Cuántas peregrinaciones grandiosas, al menos en nuestro país, se harán a Guadalajara con motivo del Congreso Eucarístico Internacional, para acudir al llamado del Señor de la Eucaristía, Nuestro Dios y Señor Jesucristo? ¿O siquiera peregrinaciones sencillas? Quizá se realicen de estas últimas; pero pocas.

Es que la cosa no llama, no se le escucha; la cosa solo sirve para usarse utilitariamente.

Pero si sabemos que quien llama es una persona, se pondrá más atención al llamado. Y si amamos a esa Persona, porque sabemos que nos ama con amor divino e infinito, más fácilmente acudiremos a su llamado; es que no podemos quedar mal con ALGUIEN que amamos y que sabemos que nos ama.

San Pedro Julián Eymard, Apóstol de la Eucaristía, observa: "La Eucaristía es la Persona del Señor...La Sagrada Eucaristía es Jesús pasado, presente y futuro... Es Jesús hecho Sacramento". Y con palabras que son válidas en nuestros días, también dice: "El gran mal de nuestra época es que no vemos a Jesucristo como su salvador y a su Dios. Se abandona el único fundamento, la única fe, la única gracia de la salvación... Entonces ¿qué hacer? Regresar a la fuente de la vida, pero no al Jesús histórico o al Jesús glorificado en el cielo sino al Jesús que está en la Eucaristía..."

El Pueblo de Dios merece que se le anuncie la verdad sobre el Viviente que está con nosotros en la Eucaristía.

Que sepa que Dios misericordioso ha puesto su tienda junto a la nuestra: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..." (Jn 1, 14). "He aquí que Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). "No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero ustedes me verán y vivirán porque Yo vivo" (Jn 14, 18-19).

El Señor Jesús, en la Eucaristía, se ha hecho, por amor, nuestro vecino, nuestro amigo, nuestro confidente, nuestro prójimo.

Es la Persona del Santísimo Sacramento, la Eucaristía, que, brazo al hombro, nos va contando de cómo Él va preparando nuestra historia rumbo a la patria prometida y de cómo, en comunión con Él, compartimos el mismo destino: la instauración del Reino.


¡Adorado sea el Santísimo Sacramento! ¡Ave María Purísima!

jueves, 29 de enero de 2015

La madre de familia

La madre de familia
Un agradecimiento a las madres, que trabajando fuera de casa o no, han comprendido y realizan esa labor de ser madre de familia


Por: Alejandro González | Fuente: Catholic.net




El título de madre me merece tanto agradecimiento y respeto, entre otras muchas cosas más, que inicio este artículo pensando que me meto en un charco del que no sé cómo voy a salir. Estar a la altura de tan gran don divino tal vez requiera una pluma mejor que la mía. Pero no me arredraré aunque solo sea por llevar la contraria a quienes no valoran esa labor o les parece un desprecio o algo así hacia la mujer.

Alguno puede pensar que soy de esos a los que les encanta ver a la mujer solamente en el hogar, siento decirles que se equivocan. Admiro a esas esposas, abundantes años atrás, que fueron el sostén de los hogares, muchas veces haciendo milagros con muchos hijos y poco dinero y, en no pocos casos, con poca o ninguna ayuda en su tarea del esposo aunque había excepciones como pude ver en diversos casos, como el de mi padre. Esas mujeres tuvieron su felicidad terrena a pesar de los sacrificios, no lo dudéis, porque asumieron su misión con un orgullo y, sobre todo, con espíritu de entrega y servicio. El premio ya lo han obtenido, estoy seguro, porque Dios es buen pagador.

La vida y los tiempos me han abierto los ojos y la mente, sobre todo al tener hijas que, además de hacer su carrera y encontrar un trabajo profesional, atienden a sus hijos y no les falta la ayuda de esos esposos, más abundantes hoy día, que colaboran en las tareas del hogar como es lógico, mejor dicho es de justicia y de asunción de una parte de sus responsabilidades, además de señal de cariño.

Termino mis explicaciones y la ración de incienso para entrar en lo que me ha motivado hoy a escribir, nada más y nada menos que tratar de llegar a estas madres actuales, muchas trabajadoras a la vez en el hogar y fuera del hogar como a esas otras que sólo atienden a sus tareas familiares porque así lo han considerado conveniente o la situación laboral nos les permite tener un trabajo externo. Perdonadme la osadía, al tiempo que os ruego que comprendáis que mis consejos los doy con afecto y admiración a todas.
Si bien hombres y mujeres somos iguales en obligaciones, derechos y dignidad no lo somos en nuestra naturaleza exterior e interior. Como la exterior es evidente voy a referirme a esa parte interna, pienso que más importante, principalmente porque es lo que tratan de anular algunas filosofías que se van introduciendo en nuestra sociedad.

Siguen siendo ellas, normalmente, las que llevan el peso más importante de dentro, no sólo en las tareas domésticas, sino en otras más importantes. Planchar, fregar y esas cosas parecidas son trabajos que mejor o peor los puede hacer cualquiera, con esfuerzo por supuesto. Lo difícil es ser el alma y el corazón de la familia, para esto hay que tener algo especial. Para explicar de alguna forma permitidme algo que ya publiqué en otro de mis artículos, no deja de ser una leyenda oriental pero es muy expresiva:
“Un día Dios se asomó a la tierra para contemplar la obra que estaba creando y se apoyó en la orilla del Nilo. Un cangrejo que andaba por allí le mordió en una mano y cayeron sobre el barro de la orilla unas gotas de su sangre divina. Recogió Dios ese barro mezclado con su sangre y se dijo, qué voy a hacer con esto, no puedo dar un mal uso a mi propia sangre……..y dijo Dios, ya sé haré el corazón de las madres….”

Veis, ya pensaban así desde hace muchos siglos porque el corazón de la madre es el pilar sobre el que Dios dispuso, con su infinita sabiduría, que se sustentaran el amor, la unidad y todo aquello que tiene que ver con esos temas más espirituales y afectivos de la familia. Ahí el esposo no pude remplazaros nunca, por mucho que se esfuerce y bueno que sea.

Por ser insustituibles no deberíais abandonar esos aspectos, pienso que no lo hacéis, pero me permito recordarlo porque hay ideologías que, para dominar la sociedad, pretenden debilitar a la familia, incluso ocupar su lugar en la formación de los hijos, y para ello nada mejor que quitarle el alma, la mujer, menospreciando su importantísima labor intentando convencerla de que debe dedicarse a otras tareas donde se realizaría más.

Una buena cosa sería que todos reflexionemos con este extracto de lo que nos enseñaba Juan Pablo II al hablarnos de la mujer y la sociedad:

“No hay duda de que la igual dignidad y responsabilidad del hombre y de la mujer justifican plenamente el acceso de la mujer a las funciones públicas. Por otra parte, la verdadera promoción de la mujer exige también que sea claramente reconocido el valor de su función materna y familiar respecto a las demás funciones públicas y a las otras profesiones. Por otra parte, tales funciones y profesiones deben integrarse entre sí, si se quiere que la evolución social y cultural sea verdadera y plenamente humana.

Si se debe reconocer también a las mujeres, como a los hombres, el derecho de acceder a las diversas funciones públicas, la sociedad debe sin embargo estructurarse de manera tal que las esposas y madres no sean de hecho obligadas a trabajar fuera de casa y que sus familias puedan vivir y prosperar dignamente, aunque ellas se dediquen totalmente a la propia familia.

Se debe superar además la mentalidad según la cual el honor de la mujer deriva más del trabajo exterior que de la actividad familiar. Pero esto exige que los hombres estimen y amen verdaderamente a la mujer con todo el respeto de su dignidad personal, y que la sociedad cree y desarrolle las condiciones adecuadas para el trabajo doméstico...

...Desgraciadamente el mensaje sobre la dignidad de la mujer halla oposición en la persistente mentalidad que considera al ser humano no como persona, sino como cosa, como objeto de compraventa, al servicio del interés egoísta y del solo placer; la primera víctima de tal mentalidad es la mujer.”

No quiero terminar sin un agradecimiento a las madres, que trabajando fuera de casa o no, han comprendido y realizan esa labor de ser madre de familia. Especial mención merece el esfuerzo de esas otras que solas, por viudedad o abandono del esposo, han tenido que hacer de padre y madre con tremendo esfuerzo, muchas veces compaginando el trabajo fuera y dentro del hogar. Finalmente quiero dejar constancia de mi cariño por esas mujeres que se quedan embarazadas y deciden, ante dificultades de diversos tipos, continuar con su embarazo antes de abortar. Ese tipo de mujeres valientes son merecedoras del apoyo de los suyos y de la sociedad.

miércoles, 28 de enero de 2015

Predicación y curación de enfermos

Milagros
Marcos 3, 7-12. Tiempo Ordinario. Jesús sigue curando y bendiciendo a los que le buscan.




Del Evangelio según san Marcos 3, 7-12
Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

Oración introductoria
Señor Jesús, yo también te estoy buscando, quiero tener un momento de intimidad en la oración. Quiero dejarme conquistar por tu amor, dame la luz para saber reconocer lo que me puede apartar de que tu gracia.

Petición
Para ser digno de tu amor, ven Espíritu Santo y haz tu morada en mí.

Meditación del Papa Francisco
Muchísimas personas van a escucharlo y a ser curados de sus enfermedades. Toda la muchedumbre trataba de tocarlo porque de Él salía una fuerza que curaba a todos.
Porque Jesús está en medio de su pueblo, no es un profesor, un maestro, un místico que se aleja de la gente y habla desde la cátedra, desde arriba. ¡No! Está en medio de la gente; se deja tocar; deja que la gente le pida. Y esta cercanía no es una cosa nueva para Él: él lo subraya con su modo de actuar, pero es algo que viene de la primera elección de Dios por su pueblo.
Así es nuestro Maestro, así es nuestro Señor. Es uno que reza, uno que elige a la gente y uno que no tiene vergüenza de estar cerca de la gente. Y esto nos da confianza en Él. Nos encomendamos a Él porque reza, porque nos ha elegido y porque está cerca de nosotros. (Cf. S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2014, homilía en Santa Marta).
Reflexión
Mirando alrededor en nuestro mundo, que inicia un nuevo año, podríamos hacer una narración muy similar a la que hace este Evangelio. Muchedumbres buscaban y seguían a Jesús, le escuchaban y Él les curaba.

Muchos se dejan llevar por el pesimismo, y piensan que todo va "de cabeza". Dirían que la vocación no entra en la descripción de la situación actual. Están convencidos de que no hay vocaciones, de que la juventud está extraviada sin remedio, de que la práctica religiosa disminuye en todo el globo...

Algo de razón tendrán. Pero les falta abrir los ojos para ver el otro lado de la moneda. Y contemplar los países en las que el número de vocaciones aumenta, los movimientos juveniles crecen con vigor y fuerza y donde los fieles ya no caben en las iglesias.

Sí. Los cristianos debemos tener esta certeza: Cristo es realmente amado por millones y millones. Muchedumbres que en todo el mundo, como en Galilea hace dos mil años, le siguen y le escuchan. Podemos sumarnos o sustraernos a esta realidad. Jesús, por su parte, sigue curando y bendiciendo a los que le buscan.

Propósito
Visitar, lo más pronto posible, a un amigo o familiar enfermo, buscando acercarle a Cristo.

Diálogo con Cristo
Cristo, Tú ha sido, eres y serás siempre la respuesta definitiva a los más profundos anhelos y aspiraciones de felicidad, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna, sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Si realmente te conociera mi vida sería diferente, para bien. Por eso te pido hoy, Jesús, que no salga de esta oración sin ser profundamente tocado por Ti, porque sólo si te llevo dentro, podré arrastrar a otros hacia Ti.

martes, 27 de enero de 2015

Cena a beneficio de la Semana Santa de Güímar


Los efectos y frutos de la Eucaristía

La Eucaristía
Los efectos que produce la Eucaristía en el alma son consecuencia de la unión con Cristo.





Efectos

Cuando recibimos la Eucaristía, son varios los efectos que se producen en nuestra alma. Estos efectos son consecuencia de la unión íntima con Cristo. Él se ofrece en la Misa al Padre para obtenernos por su sacrificio todas las gracias necesarias para los hombres, pero la efectividad de esas gracias se mide por el grado de las disposiciones de quienes lo reciben, y pueden llegar a frustrarse al poner obstáculos voluntarios al recibir el sacramento.

Por medio de este sacramento, se nos aumenta la gracia santificante. Para poder comulgar, ya debemos de estar en gracia, no podemos estar en estado de pecado grave, y al recibir la comunión esta gracia se nos acrecienta, toma mayor vitalidad. Nos hace más santos y nos une más con Cristo. Todo esto es posible porque se recibe a Cristo mismo, que es el autor de la gracia.

Nos otorga la gracia sacramental propia de este sacramento, llamada nutritiva, porque es el alimento de nuestra alma que conforta y vigoriza en ella la vida sobrenatural.

Por otro lado, nos otorga el perdón de los pecados veniales. Se nos perdonan los pecados veniales, lo que hace que el alma se aleje de la debilidad espiritual.


Necesidad

Para todos los bautizados que hayan llegado al uso de razón este sacramento es indispensable. Sería ilógico, que alguien que quiera obtener la salvación, que es alcanzar la verdadera unión íntima con Cristo, no tuviera cuando menos el deseo de obtener aquí en la tierra esa unión que se logra por medio de la Eucaristía.

Es por esto que la Iglesia nos manda a recibir este sacramento cuando menos una vez al año como preparación para la vida eterna. Aunque, este mandato es lo menos que podemos hacer, se recomienda comulgar con mucha frecuencia, si es posible diariamente.



Ministro y Sujeto

Únicamente el sacerdote ordenado puede consagrar, convertir el pan el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, sólo él está autorizado para actuar en nombre de Cristo. Fue a los Apóstoles a quienes Cristo les dió el mandato de “Hacer esto en memoria mía”, no se lo dió a todos los discípulos. (Cfr. Lc. 22,).

Esto fue declarado en el Concilio de Letrán, en respuesta a la herejía de los valdenses que no aceptaban la jerarquía y pensaban que todos los fieles tenían los mismos poderes. Fue reiterado en Trento, al condenar la doctrina protestante que no hacía ninguna diferencia entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio de los fieles.

Los que han sido ordenados diáconos, entre sus funciones, está la de distribuir las hostias consagradas, pero no pueden consagrar. Actualmente, por la escasez de sacerdotes, la Iglesia ha visto la necesidad de que existan los llamados, ministros extraordinarios de la Eucaristía. La función de estos ministros es de ayudar a los sacerdotes a llevar la comunión a los enfermos y a distribuir la comunión en la Misa.

Todo bautizado puede recibir la Eucaristía, siempre que se encuentre en estado de gracia, es decir, sin pecado mortal. Haya tenido la preparación necesaria y tenga una recta intención, que no es otra cosa que, tener el deseo de entrar en unión con Cristo, no comulgar por rutina, vanidad, compromiso, sino por agradar a Dios.

Los pecados veniales no son un impedimento para recibir la Eucaristía. Ahora bien, es conveniente tomar conciencia de ellos y arrepentirse. Si es a Cristo al que vamos a recibir, debemos tener la delicadeza de estar lo más limpios posibles.

En virtud de que la gracia producida, “ex opere operato”, depende de las disposiciones del sujeto que la va a recibir, es necesaria una buena preparación antes de la comunión y una acción de gracias después de haberla recibido. Además del ayuno eucarístico, una hora antes de comulgar, la manera de vestir, la postura, etc. en señal de respeto a lo que va a suceder.

Frutos de la Eucaristía

El sacramento de la Eucaristía, como todo sacramento, es eficaz. Al recibirlo hay cambios reales en la persona que lo recibe y en toda la Iglesia aunque los cambios no se puedan palpar:

Acrecienta nuestra unión con Jesucristo.
Al comulgar recibimos a Jesucristo de una manera real y substancial. Es una unión real, no es un buen deseo o un símbolo. El sacramento de la Eucaristía es una unión íntima con Dios que nos llena de su Gracia.

"Quien come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él" 
(Jn, 6,56).

Nos perdona los pecados veniales.
Para recibir a Jesús, es indispensable estar en estado de gracia y al recibirlo, la presencia de Dios dentro de nosotros hace que se borren las pequeñas faltas que hayamos tenido contra Él y recibimos la gracia para alejarnos del pecado mortal.

Fortalece la caridad, que en la vida diaria tiende a debilitarse.
El pecado debilita la caridad y puede hacernos creer que vivir el amor como Jesús nos lo pide es muy difícil, casi inalcanzable.

Sin embargo, Jesús ya sabía que nos costaría trabajo y que nos sentiríamos sin fuerzas para lograrlo, por eso quiso quedarse con nosotros en la Eucaristía para alimentarnos y ayudarnos fortaleciendo nuestra caridad.

La Eucaristía, siendo el mayor ejemplo de amor que podemos tener, transforma el corazón llenándolo de amor, de tal manera que quien la recibe es capaz de vivir la caridad en cada momento de su vida.

"Que nunca os falte, queridos jóvenes, el Pan eucarístico en las mesas de vuestra existencia. ¡De este pan podréis sacar fuerza para dar testimonio de vuestra fe!"
(Juan Pablo II. Queridísimos jóvenes)

Nos preserva de futuros pecados mortales.
Una persona que vive de acuerdo a la caridad, difícilmente cometerá faltas graves de amor a Dios.

Da unidad al Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.
Cada persona que recibe a Jesús en la Eucaristía se une íntimamente a Él, que es la cabeza de su Cuerpo Místico del que todos los cristianos formamos parte.
De esta manera, el cristiano que se une a Cristo en la Eucaristía, se une al mismo tiempo al resto de los cristianos miembros de su Cuerpo Místico. Por ésta razón, a la recepción de la hostia consagrada se le llama comunión, que significa común-unión o unión de toda la comunidad.

"Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado. Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que puedan ser uno, como lo somos nosotros".
(Juan 17, 21-22.)


Fortalece a toda la Iglesia.
Por la misma unidad de los cristianos en el Cuerpo Místico de Cristo sucede que al fortalecerse uno de sus miembros con las gracias de la Eucaristía, se fortalece la Iglesia entera.

Entraña un compromiso en favor de los demás.
Al estar más unido al Cuerpo Místico de Cristo, aquél que recibe la Eucaristía, se hará más consciente de las necesidades de los otros miembros. Se identificará con los intereses de Cristo, sentirá el compromiso de ser apóstol, de llevar a Cristo a todos los hombres sin distinción y de ayudar en sus necesidades espirituales y materiales a los pobres, los enfermos y todos los que sufren.

lunes, 26 de enero de 2015

David Rodríguez será ordenado sacerdote el 28 de Febrero

El próximo 28 de febrero, David Rodríguez será ordenado sacerdote. La celebración será en la parroquia de Los Remedios, en Los Llanos de Aridane, La Palma, a las 11:00 horas.

David Rodríguez Martín. Nació en el Reino Unido el 16 de octubre de 1986 y fue Bautizado en la parroquia de Ntra. Sra. de Candelaria en Tijarafe en julio de 1987. 

Su familia regresa a Canarias en 1990 y tras un año viviendo en Tijarafe, se trasladan a Los Llanos de Aridane, donde residen hasta la actualidad. Estudió en el Colegio Nazaret de la congregación de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret hasta 4º de la ESO y posteriormente cursa los dos años de bachillerato en el instituto José María Pérez Pulido. 

A continuación se traslada a Tenerife a estudiar Ciencias Empresariales en la universidad de la Laguna, estudios que compagina con la catequesis en la Parroquia de nuestra Señora de Las Nieves en Finca España – La Laguna, y la actividad de Montañismo en el Colegio Santo Domingo en Güímar. 

Terminada la Carrera ingresa en el Seminario Diocesano de Tenerife en el que vivirá 6 años. Ordenado diácono el 5 de Julio de 2014, fue enviado primero a la Gomera y posteriormente a La Palma. Desde el 5 de septiembre de 2014 ha estado destinado en las Comunidades Parroquiales de San Pedro Apóstol, Santo Domingo de Guzmán y Santiago Apóstol en Güímar.